
Lo que les gusta la calle.Estos chicos del PP, la FAES, la Fundación DENAES, la AVT, el Foro de Ermua y demás fauna y flora del facherio nacional han decidido tomar la calle, una vez más, parece que le han cogido gusto a esto de rememorar a Don Manoliño y están plenamente convencidos que la "calle es suya", uno no sabe si es que les ha entrado un monazo callejero o que les encanta soltar la mala baba que destilan, cuál dolientes y deudos de todos los caídos por Dios y por España, dedicaran a los que no piensan como ellos toda una sarta de lindezas, piropos y escenificarán esa ya gestada "Rebelión Cívica".
Conociendo a la panda, asimilados, postulantes, medio pensionistas, clérigos, agapitos maestres, pedrojotas y peones negros o grises, está claro que ahora se espera la llegada de una "Autoridad" competente y solvente , para que arengue a las masas y se apresten a Asaltar el Palacio de Invierno.
A uno le está empezando a sonar la música, la orquesta, la partitura y los músicos, tan solo falta que al toque del cornetín de órdenes aparezcan, como salidos de otro tiempo, Tabores de Regulares y Tercios de la Legión para acabar con tanto rojo y mal español.
Ahora, este pavo, no va a poner la otra mejilla, no y mil veces no, ya han cruzado el Rubicón y cuando se traspasa la línea delgada de lo tolerable, YA BASTA.
Sin caldeos, con la mente fría, responsables de nuestros actos y apoyando la legalidad vigente no nos van a coger desprevenidos.
Lo dicho, ahorita mismo al loro y a estar más unidos que nunca, parece que este ganado se ha decidido a tomar el poder y lo van a intentar al precio que sea. Frente a los intransigentes con la legislación vigente y el que se pase: al talego.
Para muestra del tipo de personajes, dejo un mensajito de la Fundación DENAES, que avisa lo que está pasando, no perder ripio.
Es comprensible que la expresión "salvar España" goce de mala fama. Paradójicamente, la expresión "destruir España" no sufre el mismo estigma, e incluso se toma a chirigota.
Pero ningún otro nombre sino precisamente ese, destrucción, puede darse a una política que consiste en relativizar la soberanía nacional, discutir que sus titulares sean los españoles, fomentar estatutos de autonomía que lesionan la cohesión del país, implantar un discurso de continua cesión –no sólo retórica– ante quienes buscan romper España a fuerza de bombas, promover iniciativas de revisión histórica que vuelven a enfrentar a los españoles en bandos inconciliables, instituir una mirada de perpetua vergüenza sobre nuestro pasado colectivo, perseguir el uso ciudadano de los símbolos nacionales, arrancar literalmente a España de su lugar tradicional en el concierto de las naciones para acercarla a modos de hacer política que nada tienen que ver con lo que fuimos ni con lo que queremos ser. Esa es la política que estamos sufriendo hoy. No ha empezado ahora, ni tampoco con Zapatero, pero ahora es cuando se han dado los pasos decisivos; ahora es cuando la abdicación nacional de España empieza a producir sus funestos frutos.
Los ciudadanos disconformes con esta situación son muchos; cada vez más. El número crece a medida que los españoles toman conciencia de esta realidad, que hasta ahora muchos preferían no ver. En esta situación, la pregunta que se hace cualquier patriota, es decir, cualquier ciudadano que ama a España y que desea comprometerse con la vida pública, es qué podemos hacer para invertir la corriente, para que España pueda ser un país normal, donde la gente no se vea obligada a abominar todos los días de su propia identidad nacional. Y bien, ¿qué hacer? Las respuestas son muchas, casi tantas como ciudadanos. Pero no es difícil ponerlas en ejecución.
¿Cómo es posible que en España se exhiban tan poco los símbolos nacionales? Hay que llenar España de banderas: en los colegios, en los centros oficiales, en los recintos deportivos, en las calles; la bandera tiene que estar no sólo donde la ley lo manda, sino también donde cualquier español sienta la necesidad de ondearla. ¿Cómo es posible que nuestro idioma, uno de los principales en la escena mundial, atraviese en la misma España una situación precaria? Hay que defender a ultranza el idioma, que es pieza esencial de nuestra identidad colectiva: primero, exigiendo su uso en aquellas comunidades donde hoy es perseguido, y además, promoviendo su uso cabal en los medios de comunicación, en la enseñanza, en cualquier escenario de la vida pública. ¿Cómo es posible que una historia y una cultura tan ricas como las nuestras sean sistemáticamente ignoradas y deformadas? Hay que exigir la difusión de nuestra historia, la de verdad, primero en los centros de enseñanza, donde hoy prácticamente se ignora, y además en cualesquiera ámbitos donde un español se pregunte quién es, capítulo en el que es especialmente importante hacerse presentes en los medios de comunicación. ¿Cómo es posible que la clase política española haya caído presa de las minorías secesionistas, hasta el punto de hacer todos los días concesiones a quienes trabajan para disgregar España? Hay que hacer llegar a las cúpulas de los partidos, tanto de izquierda como de derecha, que los españoles queremos siendo españoles, que queremos ser una nación y que somos muchos millones los que no toleramos que se frivolice con la unidad nacional.
Estos argumentos, que por su carácter nacional son integradores y también superiores a cualquier división entre derecha e izquierda, tienen que ser defendidos desde todas partes, y lo mismo vale la cabecera de un periódico que una asociación de vecinos o una asamblea de padres de alumnos. Lo que hoy necesitamos es que en todos los lugares se escuche una voz que diga "soy español". El movimiento ciudadano, que tanto vigor ha demostrado en cuestiones esenciales como la oposición a la tiranía terrorista, tiene que manifestarse también en la defensa de la unidad de España. Sin ella, nuestras libertades y nuestra identidad histórica sufrirían un grave golpe. Es hora de actuar.