
Lo que nació en plena guerra fría con fines nada pacíficos, es evidente, ha devenido en un instrumento de dudosa utilidad para la convivencia pacífica. NATO u OTAN es sinónimo de recuperar un espacio perdido, la búsqueda de una uniformidad peligrosa, un pacto militar, que intenta uniformizar con eufemismos a un mundo plural y globalizado.
Vladimir Putin lo sabe y el "oso ruso" puede lanzar un zarpazo si se le siguen tocando las fronteras y se buscan alianzas contra natura. Uno que ya expresó en su momento su opinón, libre y democráticamente, sobre este pacto militar, desearía que desapareciera tal y como nació porque el siglo XXI debe ser es de la tolerancia, la armonía, el entendimiento y no la continuidad de un Imperio que da señales inequívocas de estar entrando en barrena.
Orientales de ojos rasgados están llamados a ser los nuevos emperadores, los nuevos mandarines, pero algunos parece que no se han enterado.