
Esa es sin duda la cuestión que me preocupa como socialista militante, como miembro de un partido político, como elector y como ciudadano. ¿Creer que todo lo hacemos bien? ¿Creer que tenemos en exclusiva la razón? ¿Creer que nos lo merecemos?. No, no y mil veces no. Nunca me gustaron los dogmas, las verdades irrefutables, el seguidismo, el arribismo, el trepar, el quítate que me toca, los que poseían muchos masters, los que nos deslumbraban con trienios o sexenios de izquierdismo acendrado, los renovadores que renovaban todo menos a ellos mismos, los izquierdistas de salón, los que están encantados de haberse conocido, los que saben estar en el día, hora y lugar indicado, los que quitan la caspa de la chaqueta al que reparte parte de la tarta.
Fui, soy y seré un militante socialista convicto y confeso, perseverante en la herejía, lacado de rancio jacobinismo, utópico por autonomasia, nada dogmático y poco dado a experimentar con modas ajenas, no creo en las adhesiones inquebrantables, pero si soy leal a quién democráticamente dirige mi partido, a quién hemos elegido para que sea nuestra cabeza visible, nunca me dejé nada en el tintero y mi voz a veces discrepante seguirá sonando, pero aprendí que todos cabemos en un proyecto común, en seguir la senda de los que me precedieron y ser honesto conmigo mismo. Por todo ello tengo mil motivos para creer en unas siglas: PSOE; en un Programa para progresar y hacer más justa esta sociedad injusta; en un líder: José Luis Rodríguez Zapatero, mi Presidente del Gobierno, mi Secretario General y mi compañero; en los miles de hombres y mujeres que confían en los SOCIALISTAS siempre, aunque a veces los defraudemos o los desorientemos; en los compañeros y compañeras de manos callosas que perdieron lo mejor de su vida sirviendo a amos y patrones; en los pequeños detalles que le hacen a uno sentirse orgulloso de que te llamen compañero del alma, compañero.
¿Hay motivos para creer? Si, tantas razones y motivos que sería prolijo enumerar, por eso el día 9 de marzo debemos seguir construyendo, aunando voluntades, convenciendo, ayudando y agradeciendo que la la llama de la esperanza siga encendida, para ello tan sólo necesitamos ser creíbles y vaya que si lo somos cuando nos lo proponemos.
Hay motivos, muchos..............