martes, 9 de septiembre de 2008

Yo si me acuerdo


En Rodiezmo de la Tercia, allá por los límites entre León y Asturias, todos los años el SOMA-UGT celebra su fiesta minera. Esta de 2008 ha estado animada por el verbo fácil e incisivo de Alfonso Guerra sobre su visión de determinadas cosas que nos afectan a los españoles en general y a los que somos socialistas en particular.
Cada cuál es muy libre de posicionarse como quiera, yo en uso de mi libertad lo hago y estoy con Alfonso Guerra, comparto sus afirmaciones y si a alguno le escuece que se rasque. Formo parte de un proyecto, tengo una ideología y respeto todas las opiniones, pero tengo muy claro que como decía alguien: "primero soy socialista" y después puedo adjetivarme de mil formas y maneras.
Nunca es bueno amortizar valores, se compartan o no sus conceptos, y flaco favor se hace y nos hace aquel que quiere comer solo, porque lo que pretende es comer más que los demás. Cuidado con tener la memoria olvidadiza y descalificar a aquel que es, porcentualmente, el cabeza de la lista más votada de toda España en las últimas Elecciones Generales, así en vez de igualdad existirán diferencias y esas nunca han sido señas que nos identifiquen a los socialistas.
Todos nos jugamos mucho, seamos sensatos y actuemos como verdaderos socialistas, lo otro será dar opciones a romper las reglas del juego que nos han permitido a todos progresar vivamos donde vivamos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Eres un nostálgico de tiempos de mano dura y poca democracia interna.Pero ahora ya sois parte del pasado y nunca volveréis.

Es justo que alguien demande lo que cree que corresponde a su País y esté harto de alimentar a vagos y subsidiados.

Anónimo dijo...

"lo que no entiende Guerra es que la nueva España es consecuencia de la Constitución que él promovió, aprobó y ejecutó"

El Presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, ha pedido a los suyos prudencia sobre la negociación del nuevo sistema de financiación para Catalunya. Aún la advertencia caliente, Alfonso Guerra, diputado socialista por Sevilla, hace gala de la insolencia que él no hubiera perdonado a otro en su época de gloria. El pasado domingo, en el leonés Rodiezmo de la Tercia, el picador sevillano se despachó con puyazos a los socialistas catalanes. Que sea crítico con quienes quieren bloquear los presupuestos generales del Estado, aún puede entenderse, pero lo que no cabe en cabeza fría es que arremeta contra el PSC (socialistas catalanes) diciendo que se plantea romper el grupo parlamentario socialista, en el que están PSOE y PSC. Es poco cabal echar leña al fuego cuando no hay incendio, a no ser que se busque provocarlo.

Lo que no entiende Alfonso, en su particular guerra, es que la nueva España es consecuencia de la Constitución que él promovió, aprobó y ejecutó. Si no se dio cuenta entonces que eso llevaría a que todas las regiones cataran y les acabara gustando contar con altas cotas de autogobierno, que se aplique penitencia.

No es Catalunya, es también la Comunidad Valenciana gobernada por el PP (derecha española); o la andaluza (socialista), que siempre espera a que otros saquen para ella pedir. Y todas las demás, indistintamente de su signo político.

Alfonso Guerra no digiere el Estado nuevo que impulsó. Y el hijo se ha vuelto contra el padre. Pero el padre no reconoce su autoría: demasiado tarde.

La dinámica federal que hoy vive España es producto de la evolución natural de su proceso democrático y mediante la Constitución, herramienta principal de su evolución política. No hay vuelta atrás por más que duela a algunos.

Este lunes, en Catalunya Ràdio, el Presidente de la Generalitat de Catalunya, José Montilla, ha marcado sus pautas sobre la financiación diciendo: las declaraciones de Guerra tienen que ver con las características del personaje; la financiación refuerza el pacto constitucional; no es momento de declaraciones institucionales; ahora toca pasar de la declaración a la negociación; agradecimientos a Joan Saura (ICV los postcomunistas catalanes) por su acuerdo con la vicepresidenta De la Vega de resolver el tema en tres meses; excelente que Artur Mas (líder de la derecha nacionalista catalana) tenga protagonismo si sirve para un buen acuerdo; el próximo año será muy duro debido a la difícil situación económica; tengamos confianza, de peores hemos salido.

Claro y catalán, el Presidente. Su economía fonética le lleva a pronunciar las palabras justas, sin retórica ni autobombo, lo que es de agradecer.

La negociación sobre la financiación de la Generalitat de Catalunya es la consecuencia del estrepitoso fracaso que ha significado el actual modelo, pactado en 2001 por CiU (derecha nacionalista catalana) con el PP cuando ambos gobernaban, unos en Catalunya, los otros en España. Fue una corta primavera, pues, aunque mejoraba el sistema anterior, se olvidaba de lo más elemental, lo que consta en el convenio colectivo de cada empresa por pequeña que sea: la cláusula de revisión. Así sucedió lo que ha sucedido: no se ha revisado el crecimiento demográfico, penalizando a Catalunya por crecer demográficamente. Catalunya ha visto aumentar su población en dos millones de personas desde que se pactó el actual sistema de financiación, pero sigue recibiendo del Estado como si tuviera dos millones menos de habitantes. Ahora toca resolver el entuerto, lo que no está siendo fácil.

El Presidente Montilla apuesta por una negociación seria, con cada cosa a su tiempo. Aboga por menos declaraciones y más negociaciones, en un ambiente de sosiego, sin más luces y taquígrafos que los justos. Huye de los calendarios de movilización y prefiere analizar las cosas después de cada encuentro para decidir, entonces, el siguiente paso a dar.

El gran secreto es si el PSC se sumará al bloqueo de los presupuestos generales del Estado, como abogan CiU, ERC (independentistas catalanes) e ICV. El PP calla, aunque tiene decidido el no. En lógica socialista carece de sentido, pues una cosa es atizarle, incluso con moción de censura, al Presidente Zapatero y, otra, a todos los ciudadanos de este país (el anunciado aumento de las pensiones, por ejemplo, quedaría sin efecto), Catalunya incluida. Además, los de este año, deben ser de choque contra la crisis. Bloquearlos tendría su equivalente en esas huelgas del sector público que, en vez de fastidiar a los que mandan, mortifican a los usuarios del servicio. Es la política del contra peor vaya todo, mejor, tan propia de la doctrina trotskista, defensora del caos para que la Humanidad reverdezca.

Artículo de Carles Navales en la Factoría.

Reflexiona sobre el.

Gracias.