miércoles, 28 de octubre de 2009

Estos nunca estarán en crisis


De niño cantábamos aquello de : "quisiera ser tan alto como la luna para ver los soldados de Cataluña" o algo parecido, pero para llevar al culmen la vieja máxima romana de "citius, altius y fortius" nadie mejor que este poker de ases: Don Rodrigo Rato Figaredo, Don Pedro Solbes Mira, Don Miguel Boyer Salvador y Don Carlos Solchaga Catalán.
La economía moderna se mueve por una locura de ambición insaciable y se recrea en una orgía de envidia, y ello da lugar a su éxito expansionista, pero la humanidad es demasiado inteligente para ser capaz de sobrevivir sin sabiduría.
No me interesa lo que me cuenten estos cuatro ortodoxos y gurús del equilibrio y de la economía financiera. A mi la "crisis" me ha enseñado lecciones magistrales sobre la codicia como causa del desastre, sobre conductas impropias de directivos, dirigentes y ejecutivos rozando el delito o cayendo en él, sobre la necesidad de que lo social (los intereses de la mayoría primen sobre los de la minoría privilegiada). Los socialistas debemos aprender y poner en práctica lo que nos dice el Nobel de Economía Krugman cuando escribe que “algunos creen que la cifra calculada del déficit es una cifra aterradora que requiere medidas drásticas, cómo cancelar las iniciativas para reanimar la economía y suspender la reforma sociales". Lo cierto es que ahora los déficits ayudan a la economía. Los déficits de Estados Unidos y otras economías importantes han salvado al mundo de una recesión mucho más profunda. La perspectiva a largo plazo no es catastrófica. Lo que necesitamos ahora mismo es que la deuda pública aumente hasta que la economía esté en vía sólida de recuperación, pero no la ortodoxia que estos cuatro pavos nos han brindado y nos brindan con sus sabias y doctas prédicas.

2 comentarios:

Liberal dijo...

Esos, como tú los llamas, son las cabezas más lúcidas de este país y dejaron la política para crear riqueza a través de sus empresas y no destruyendo empleo cómo hacéis vosotros.

Anónimo dijo...

El capitalismo experimenta, en promedio, una crisis grave cada diez años. Pero un sismo económico de la intensidad del “otoño negro” de 2008 sólo se produce una vez por siglo.
Sin embargo, ningún otro antes que éste había combinado una suma de amenazas cruzadas tan alarmantes. Todo el sistema financiero se hundió. Y una doctrina quebró: la del neoliberalismo, responsable de la desregulación de los mercados y de la especulación desenfrenada de los últimos treinta años. Por si esto fuera poco, el huracán –primero inmobiliario y bancario, luego bursátil – se propagó rápidamente a todo el campo económico para convertirse en una tempestad industrial y, por último, social. Todo ello, en medio de una atmósfera global ya viciada por una triple crisis: energética, alimentaria y climática. Y en un contexto geopolítico marcado por el debilitamiento de la hegemonía estadounidense y el creciente poder de China y otras potencias emergentes.

De eso saben mucho estos cuatro señores, especialmente el que estuvo en el FMI.