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martes, 8 de diciembre de 2009

Los Buches de las gallinas


En la capital de Dinamarca, Copenhague, empezó ayer la Conferencia sobre el Cambio Climático, todo parece indicar que como la cosa del clima no está bien a algunos les toca seguir pagando y otros cobrando. Esta ONU no deja de ser un acrónimo vacío, hueco, sin contenido, que ahora dirige un señor de ojos rasgados pero que tiene su sede en New York City.
Mucho chau chau, muchas declaraciones de intenciones, pero el multilateralismo es una quimera, aquí mandan los de siempre y si el Protocolo de Kyoto fue papel mojado este será más de lo mismo, muchas promesas de cambio para que todo siga igual.
Mientras tanto las guerras se multiplican, la gente se muere de hambre, las sequías, hambrunas y demás asimetrías siguen agrandandose y el Gran Padre Blanco, ahora es café con leche, ha decidido que hay que mandar 30.000 soldados más a Afganistán para labores de paz e implantación de la democracia y pide a sus aliados que manden también más soldaditos para enseñar a unos que no quieren aprender que hay que ser buenos y demócratas.
Por estos pagos nada de nuevo, nada que no sepámos, y unas tragaderas que ya las quisiera para si la gallina más grande del mundo porque en su buche puede uno encontrarse de todo. El consumismo compulsivo nos amenaza de nuevo con sus arbolitos, renos y portalitos y la gente sigue pensando en ella misma. Nada nuevo nos espera, las ocasiones se nos escapan y volverán a imponer su modelo aquellos que nos han llevado a la situación actual, ellos si que saben esperar y aprovecharse de la mayoría, porque les dejamos que nos salven y así nos va a ir.
Sirvan como estrambote final unas letrillas de una cancioncilla típica de la Isla de San Miguel, en el Archipiélago de las Azores, que se titula "Pezinho da Vila" y que demuestra lo que se puede uno encontrar en las tragaderas.
Eu fui até Vila Franca
escachado numa tranca
à morte duma galinha
o que ela tinha no papo
sete cães e um macaco
e um soldado da marinha.

viernes, 20 de abril de 2007

República Islámica de Irán



Los que viven en casas de cristal, no deben tirar piedras. Me ha quedado flipado con esta frase, pronunciada en inglés por un diplomático iraní en respuesta a las acusaciones de un homólogo canadiense durante una sesión del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Éste último había denunciado violaciones a la libertad de expresión, de reunión pacífica y de persecución de minorías religiosas en Irán. Pero donde las dan, las toman. El funcionario iraní se expresó sin restricciones diplomáticas y acusó a Canadá de violaciones "masivas y sistemáticas" de los derechos humanos de sus indígenas, en especial mujeres, y de los actos de tortura de sospechosos de actividades terroristas. Caralho con los ayatolás y su basca.

Los derechos humanos son un asunto esencial en la llamada agenda política mundial. Diez de cada nueve discursos pronunciados por personalidades y personajillos del mundo de la política se enredan en la bandera de su protección y difusión. Incluso el mismo Bush lo utiliza para justificar la agresión contra Irak con el objetivo, según él, de llevar la antorcha de la democracia, cual Estatua de la Libertad, hasta los más oscuros rincones del planeta. Pero entre el informe del estado de los derechos humanos en el mundo emitido por los EEUU y el emitido por China, media un abismo de violaciones maquilladas según los intereses nacionales y datos que no aguantarían una auditoria internacional imparcial.

Todos vivimos en casas de cristal. Nadie está libre de pecado. Sin embargo, existen países que por su ejemplar comportamiento, no exento de fallos, tienen altura moral para denunciar comportamientos violatorios en otros Estados. Canadá es, sin duda, uno de ellos. Es la nación que más asilados y refugiados políticos ha acogido, con una generosidad no vista en otras latitudes. Ese dato, por sí mismo, concede a Canadá el lujo de poder erigirse en portavoz de una comunidad internacional que se nutre no sólo de análisis diplomáticos sino de las informaciones aportadas por fortísimas organizaciones no gubernamentales, del tipo de Amnistía Internacional.

Irán, mientras tanto, es un país sin separación entre religión y Estado, intolerante con otras religiones, con un presidente que niega el holocausto judío, que anhela ver destruido un Estado como Israel (verdugo a su vez de los derechos humanos de los palestinos, como ha confirmado el último informe del relator especial de la ONU para la zona), y que se empeña en continuar con su programa nuclear contra la opinión de la comunidad internacional.

Todos vivimos en casas de cristal. Lo esencial es que el vidrio esté limpio y deje pasar la luz, para que todos veamos lo que pasa en el interior.
Lo malo es que entre tanto clérigo, tanto chií, tantas mujeres de preto y el pavo del Mahmoud Ahmadinejad dando la tabarra, van dejar sin empleo a las pobres empleadas de PALICRISA, porque por lo que se ve en Irán no están dispuestos a bajarse de la Jaca Paca.