
Nunca se estrenó en Lisboa, se cayó, como era obvio, de la programación de la EXPO 98 de Lisboa, y a pesar de los intentos de llevarla a la capital por razones muy evidentes este proyecto nunca cuajó. Este nuevo intento cuaja ahora, parece que el encargo de estrenarla en Lisboa se hizo hace más de un año antes de este nuevo revivival que sobre la figura de Salazar azota todo Portugal, y tiene el éxito asegurado al tener la publicidad gratuita que sobre el Dictador existe en la actualidad.
La prensa nacional española ya recogió el evento Manuel Martínez Mediero a El País , al igual que la propia portuguesa Martínez Mediero y José Carretas. Lo importante es que la obra sirva para refrescar la memoria a un desmemoriado pueblo que parece tener "saudades" del viejo Dictador Salazar, confío en que el surrealismo y la verdadera cara de innombrable (estoy harto de él) estén bien representados en la obra, cargada al parecer de fina crítica y acidez sobre la figura del fulano, como muestra la imagen de la fotografía superior en la que Cándido Gómez (el de la Candi2) vestido de Franco y Salazar cantan el himno nacional mezclado con el anuncio histórico del Cola Cao, aquel que era para desayunos y meriendas, lo tomaba el futbolista para meter goles, o era aquel negrito del África tropical que alegremente la cantaba.
Sirva esta obra, eso espero, para enterrar como decía Unamuno, con cien candados el sepulcro y la memoria de tan siniestro personaje.
Suerte y que así sea, pero que nunca sirva para desenterrar viejos saudosismos de un pasado que hizo que Portugal estuviera anclado en el atraso, la ignominia, la mentira, las guerras coloniales que desangraron varias generaciones de jóvenes, la tortura, la cárcel y la opresión de un régimen despótico dirigido por un beato pueblerino y obtuso.
