
domingo, 11 de mayo de 2008
Prohibido prohibir

sábado, 12 de mayo de 2007
Ignacio Ramonet. Reconstruir

El programa del candidato de la Unión por un Movimiento Popular (UMP) y las fuerzas que optó por congregar a su alrededor marcan una inflexión mayor: reflejan al primer Presidente francés a la vez neoliberal, autoritario, proestadounidense y proisraelí.
La confusión sistemática de una campaña marcada por referencias eclécticas, desde Juana de Arco a Léon Blum, no alcanza para disimular el muy marcado perfil político de Sarkozy. Si bien apela a un voluntarismo gracias al cual el Estado podría "proteger" a Francia y a los franceses, su programa económico y social se nutre de las viejas recetas thactcheristas y privilegia... a los privilegiados. En el mismo sentido, sus alabanzas republicanas no alcanzaron a borrar su visión esencialmente securitaria de la sociedad, en la que simplemente responde con la represión a las reivindicaciones de las categorías populares y la juventud. En una prolongación lógica de esta manera de pensar, sus opiniones sobre los orígenes genéticos de la pedofilia y del suicidio son claramente ilustrativas sobre la eugenesia rampante que lo inspira. Finalmente, a pesar de los esfuerzos que hizo por atenuar el efecto de la bendición solicitada al presidente George W. Bush, no renegó de su voluntad de acercamiento a la política estadounidense, incluso en Oriente Próximo, por no hablar del entierro del referéndum del 29 de mayo de 2005 sobre el Tratado Constitucional de la Unión Europea, anunciado mediante un procedimiento parlamentario...
El programa de Sarkozy es importante; la "clientela" que se lo compró no lo es menos. Desde este punto de vista, las grandes maniobras del periodo que separó a ambas vueltas electorales, destinadas a recuperar el electorado centrista de François Bayrou no borran de la memoria los meses de incitación al electorado de extrema derecha de Jean-Marie Le Pen. Con la excusa de "reconvertir" a la democracia a las tropas de este último, el candidato de la derecha hizo suyas las tesis de la extrema derecha: desde la propuesta de crear un Ministerio de la Inmigración y de la Identidad nacional a la recuperación de la consigna "Francia, o se la ama, o se la deja"; desde la caza a los indocumentados incluso en las puertas de las escuelas, a la abolición de la disposición de 1945 que protege a los menores; de la pseudo defensa de aquellos que "se levantan temprano" contra los "que se aprovechan" y los "asistidos"...
Ninguno de sus predecesores había llegado tan lejos para hacerse elegir: conviene medir correctamente la situación antes de celebrar el retroceso electoral del Frente Nacional de Le Pen...
Pero los esfuerzos de Sarkozy y los apoyos mediáticos masivos de los que se ha beneficiado no explican, por sí solos, su éxito. No más que los efectos perversos, verificados una vez más, de la elección presidencial por medio del sufragio universal: personalización, demagogia, voto útil... Pesó sobre todo la ausencia, frente a la derecha y la extrema derecha, de una auténtica alternativa política. Nunca desde 1969 había sido tan escaso el total de los votos de la izquierda en la primera vuelta (36,44%). ¡Y con razón! El Partido Socialista se dejó imponer por las encuestas una candidata, Ségolène Royal, que por cierto logró borrar el traumatismo de 2002, pero sin ofrecer a las fuerzas populares una perspectiva movilizadora. Aun más cuando a su lado, el Partido Comunista, la extrema izquierda y los ecologistas no se unieron para prolongar tanto las grandes movilizaciones sociales por la defensa de la Seguridad Social como de las jubilaciones; el envión del "No" en el referéndum del 29 de mayo de 2005 y la cólera de los suburbios. Más allá de las peleas de aparato y de personas, el centro de la cuestión es en primer lugar la incapacidad de pensar una política anticapitalista a la escala de Francia y de Europa.
Es sobre el terreno que hay que empezar a reconstruir, y sin demora. Porque si ganan las elecciones legislativas de junio próximo, la derecha y la extrema derecha en el poder intentarán hacer pasar por la fuerza su política de destrucción social: contrato de trabajo único a imitación del CNE (Contrato Nuevo Empleo); incremento del tiempo de trabajo; obligación de actividad a cambio de las protecciones sociales mínimas; limitación del derecho de huelga; rotura del Código del Trabajo; supresión de los derechos de sucesión y, por medio del "escudo fiscal", supresión del impuesto a las grandes fortunas; mayor desmantelamiento de los servicios públicos, de la protección social y de las jubilaciones; disminución progresiva del presupuesto de sanidad; no reemplazo de uno de cada dos funcionarios que se jubilen; liquidación del mapa escolar; nuevos cuestionamientos sobre las jubilaciones; caza a los inmigrantes, con el agregado de un llamamiento a la mano de obra "elegida" del Sur; relanzamiento de la Europa liberal y apoyo a la política estadounidense... La izquierda va a necesitar de todas sus fuerzas para resistir esta ofensiva sin precedentes, pero también para recuperar una perspectiva de cambio.
Le Monde diplomatique no es el órgano de un partido ni de una asociación. No es un periódico militante. Pero se compromete con valores que defiende desde hace décadas. Y es así, a su manera, que pretende contribuir a una arquitectura intelectual alternativa: esforzándose por hacer conocer mejor las realidades geopolíticas del mundo contemporáneo, informando sobre las experiencias sociales y políticas que se desarrollan, tomando su lugar en los debates de ideas en curso.
Para reconstruir.
lunes, 7 de mayo de 2007
C´est la Democratie


jueves, 3 de mayo de 2007
Ségolène Royal. Présidente de la France

lunes, 23 de abril de 2007
Allez Segolene Royal

Congratulo-me com o resultado alcançado por Ségolène Royale na primeira volta das eleições presidenciais francesas. Acompanhei a sua candidatura desde o início, quando era apoiada por um movimento de cidadãos que rapidamente se estendeu a toda a França e lhe permitiu depois alcançar o apoio do PS e dos milhares de novos militantes que se inscreveram para nela votar.
jueves, 1 de marzo de 2007
Sarkozy cést la grandeur de la droite

En casa con Marianín.
Nicolas Sarkozy levanta pasiones. Ayer por la tarde se dio un baño de multitudes en Madrid, hasta el punto de que los periodistas españoles que fueron a ver al "pavo" se escamaron un "taco" y se preguntaban donde carajo se esconde tanto "gabacho" en España, ya que los citoyens francaises suelen pasar desapercibidos en España.
Sarkozy habla en un tono moderado, y por la forma de expresarse y por el contenido de su discurso, recuerda, mucho, a Adolfo Suárez. No levanta la voz, ni siquiera para entonar el “Vive la Repúblique! Vive la France!” con el que siempre acaba sus discursos antes de cantar, solemne, la Marsellesa.
Sarkozy abogó por una España grande, igual que por una Francia grande, solo le falto decir que fuera además una y libre, pero la guinda se la soltó a Marianín cuando le espetó para la posteridad tan tiernas palabras - qué bonito momento - :
“La España que tú encarnas, Mariano”, le dijo al líder del PP. Una España de la que Sarkozy envidió los años de desarrollo, sobre todo los ocho años de Gobierno de José María Aznar.
Sarkozy sabe cómo obtener emociones del público. Es un actor consumado que reclama un papel esencial a los políticos y a quienes tienen un destacado ascendente sobre la sociedad, como los empresarios. A políticos y empresarios Sarkozy les exigió ejemplo a la ciudadanía, y él se comprometió a ejercer la Presidencia desde los principios de “competencia, rigor, honestidad y credibilidad”. Pero el eje central de su discurso sigue siendo el patriotismo.
“Francia os necesita”
“Vamos a hacer de Francia una nación que va a asombrar al mundo”, afirmaba. Y a los franceses que están fuera les obsequió una de las frases más emotivas de su discurso: “Volved, volved, que Francia os necesita. Volved para hacer de Francia una gran nación”. Para luego desbrozar la Francia que quiere, una Francia en la que “los niños se levanten cuando el profesor entra en clase”, una frase que ya ha repetido en distintos discursos en el país vecino, pero que estaba deseando escuchar el público presente ayer en el Palacio de Congresos del Campo de las Naciones.
El facherio se relamía de gusto, este es nuestro hombre, que tierno momento para peperos y asimilados, yo si hubiera estado allí hubiera llorado, de pena se entiende.
Allez Marianín que son pocos y encima rojetes.
Para ver al Nota podeís visitar su web, es de lujo, una cosa como él: EPATANTE.
